Más allá de las
buenas intenciones
El verdadero enemigo de la Paz no
está en las guerras, sino en la
mente de los hombres que las
originan.
¿Quién ha creado esta barbarie
sino la mente y el profundo
desconocimiento que el hombre
tiene de sí mismo?
No desestimo las buenas
intenciones de Paz, puesto que
éstas deben existir, tan sólo digo
que la solución no está en los
acuerdos de Paz, así como el
enemigo latente no está solamente
en los que combaten.
Es la mente del hombre, su actual
estado evolutivo y ese absurdo que
hemos aceptado incondicionalmente
al cual llamamos civilización.
¿Qué valores existen en el mundo
para vivir de una manera
diferente? ¿Qué otra cosa
podríamos haber creado sino este
horror y esta insania?
Si pretendemos un mundo mejor
deberíamos enjuiciar la mayoría de
las cosas creadas y tal vez de ese
juicio al criterio humano pueda
surgir la Luz y ésta significar el
comienzo de una nueva historia.
El fin de la pobreza y el
hambre
Puede que nos preguntemos por
dónde empezar, y respondería: por
terminar con la pobreza y el
hambre del mundo, pues debería
estar grabado en nuestros
corazones que en un mundo de Paz
no pueden existir esos azotes, ya
que su sola presencia descalifica
cualquier otro tipo de intento.
La Educación
En segundo término abordaría la
Educación, pues sólo un mundo
liberado de la ignorancia podría
convivir en Paz.
La Educación debería capacitar al
hombre y ofrecerle la posibilidad
de conocerse a sí mismo, no
meramente informarlo o brindarle
una promisoria carrera.
La Educación debería ser el espejo
en el que el hombre se mire y se
conozca.
Sólo el hombre que sabe de sí
puede crear un mundo diferente, y
es el aporte de este conocimiento
el que puede contribuir a la Paz
del Mundo.
Las Religiones
Luego le pediría a las Religiones
que revelaran lo más esencial de
sí mismas, para que así cada
hombre y cada pueblo pudiera
reconocer la hermandad que los
une, y comprobar al mismo tiempo
la existencia de esa realidad en
la cual tenemos la vida, llamada
Dios.
Las Ciencias
Luego le hablaría a las Ciencias.
Las dejaría ante la posibilidad de
mejorar la vida en lugar de ser el
respaldo de argumentos de guerra,
que darían como resultado el mayor
desastre de la historia y por
consiguiente ocasionar un olvido
de los adelantos alcanzados. Este
sería similar en características,
pero diferente en magnitud a los
atravesados por la humanidad en
otros tiempos.
La Legislación
Luego encararía la Legislación,
pues es el patrimonio de leyes con
el que el mundo cuenta el que debe
cambiar. La nueva legislación
estará basada en sugerencias
provenientes de la vida universal,
pues es necesario saber que el
espacio es información y que en su
develación debería basarse el
nuevo ordenamiento.
Esta Legislación tendría una
precavida actitud hacia el futuro.
Gracias a esta cualidad los
gobiernos de la Tierra estarían
alineados en permanente consulta,
y a consecuencia de ello habría de
significarle a la humanidad el
comienzo de la etapa más
trascendente de su historia.
La Política
Luego la Política habría de
expresar su máxima finalidad:
combinar el Destino de los Pueblos
y convocar al Alma del Mundo. Una
vez que ésta se haya establecido,
debería iniciarse el diálogo con
los Reinos de la Naturaleza y
fundamentar la base de la más
antigua de las doctrinas: la
Doctrina Solar. Luego acometerse
la empresa de devolver a la vida
humana La Edad Dorada que alguna
vez este mundo conoció.
La Economía
Por último, le pediría a la
Economía que indagara sobre cuál
es la oculta razón de su presencia
en este mundo.
Dejemos atrás lo que los hombres
han hecho y se han hecho con ella.
Tan sólo ruego al Altísimo
compasión para con esta materia
que todavía no encontró su debido
destino en el mundo. Sé que en
alguna medida es la causante de
los grandes errores que la
humanidad cometió, pero, ¿qué
manos recibieron tan grande
responsabilidad? Manos que nada
sabían de sí, y en este caso, ¿Qué
otra cosa podrían haber hecho que
todo lo que ocasionaron?
No sé si la historia la podrá
absolver, y a juzgar por sus
errores sería sumamente difícil.
Si pudiera remitirme al futuro
podría ver que su obra no ha
concluido, que lleva en sus fueros
más íntimos, el secreto de los
mundos justos y perfectos y que
éstos esperan por la adultez de la
humanidad para inspirarla y
protegerla.
El mayor testimonio que esta
humanidad pueda dar, y que sea la
evidencia de haber trascendido sus
propias miserias, será la forma en
que la Economía logre expresarse
en el mundo.
Sólo la Economía al servicio de la
Caridad nos puede asociar con la
Providencia.
Sólo resolviendo lo elemental este
mundo sería considerado justo.
Sólo la Economía posee la clave de
esa ecuanimidad que puede elevar a
la humanidad al nivel de las
Grandes Utopías.
La Economía tiene sobre sus
espaldas el peso más grande del
mundo, pero al mismo tiempo cuenta
con la fuerza más poderosa de la
Tierra.
De ella depende modificar el
destino de la humanidad, pues de
su oportuna intervención podría
surgir la Salvación del Mundo.
Yaco
Albala